sábado, 4 de febrero de 2012
miércoles, 31 de agosto de 2011
viernes, 29 de abril de 2011
miércoles, 9 de febrero de 2011
nueva entrada en el blog por culpa de cierto vicio a arthur rumbaud (L) www.lasletrasahumadasdesu.blogspot.com
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sábado, 1 de mayo de 2010
East End, 1887.

Láquesis sentencia el declive de Abril. Abril infame, Abril licuado. Frente a la última rebelión de las saetas, Abril se desvanecía como quien nunca llegó a ser más que una columna baldía jugando al escondite. Pero aquel tañido no trascendía hasta los corazones rasgados del East End de Londres.
Los callejones, esbozados sobre un lienzo de inmundicia y suciedad, eran testigos de la vorágine que inundaba cada esquina; las fachadas necrológicas mantenían su mirada permanente sobre cada trance, habiéndose consumido con pretextos en forma de grietas, y el libertinaje que escapaba exhausto de cada antro desprendía un matiz tintado de gris. La cadencia discordante de los pianos y la serenata de una armónica olvidada se entremezclaban con la brisa que arrullaba el griterío de los marginados.
La incertidumbre que vagaba por el resplandor de las farolas apenas le permitía a éste perforar la oscuridad e iluminar las figuras desaliñadas que se recortaban sobre aquel escenario de mártires y verdugos. El látigo se hacía llamar hambre, errante famélico que arrastraba de su mano el desacierto de aquellos dispuestos a matar por dos chelines y un compás.
Las mujeres eran carne de viento enfurecido. Normalmente enfermizas y con el alma olvidada entre tanto quebranto, quienes tenían la suerte de poseer cierto atractivo y el lujo de poder permitirse un vestido decente buscaba clientes en Whitechapel, entregándose sin contrariedades por un par de peniques.
Hayley Rolland maldecía el primer instante en el que había impregnado su tráquea del oxígeno de la gran ciudad.
lunes, 22 de febrero de 2010
Metáforas imprudentes
Que el vendaval doblegue recuerdos y cautive mi inherencia en una espiral de ráfagas evocadas. Que el gentío consuma drogas para excluir su inactividad cerebral. Que sean subordinados a un beso desazonado para drenar tantos noviembres. Las agujas, a contrareloj. Y el compás descomedido del violín que ahorcó sus cuerdas en busca de un atril estable, atestado de partituras anónimas y cenizas, sumido en un silencio de corchea. Ebria de vesania y exaltada por quimeras. Las palabras, calibradas. Con vértices de realidad. Trepando por mi garganta, horizontes de vértigo infinito. Y las ganas de fumarme el resto del tiempo. jueves, 21 de enero de 2010
Glacial

Captura mi esencia y teletranspórtame lejos, más allá de Orión. Abstraigámonos en la constelación más difusa del hemisferio norte, subsistamos en Luyten.
Deshazme en matices de una escala de púrpuras con solo miradas. Llévame al Monte de las Ánimas por un rayo de luna, conponme el miserere y deletréame el nombre de quien colgó el mar de tus pestañas... Porque el subjetivismo se enmaraña con mis palabras antes de ser deslizadas sobre el papel, y son fusionados en un "tú" sin escepticismos.
Imprégname de terciopelo añil y erígeme una escalera al centro de la tierra, espiemos el rumbo de una carretera hasta la desdicha. Regálame una road movie sin designación y diluiré acuarelas para pintarte una aurora boreal mezclando rubíes y violáceos, como si fuera nuestro último anochecer.
Vamos a soñar despiertos hasta que caoticemos la autenticidad con el sueño.
domingo, 3 de enero de 2010
Epílogo. 09.
Se recostó sobre las náuseas acérrimas que inundaban sus entrañas al olor del turrón. Ascendían desde la boca del estómago hasta la garganta, acompañadas por suspiros del silencio adverso que destilaba su colección de villancicos. Dedicaba sonrisas a sus noches de leve misantropía, para abarcar fragmentos de segundos y tejerlos a su rostro, como si fuera una modelo anoréxica desfilando exultante sobre la pasarela. Improvisó el guión de su propia parodia mordiéndose los labios, con la ambición de quebrarlo en mil y un pedazos, tratándose de aquel borrador que nunca enorgullecía a su progenitor. Licuando entre el humo del tabaco palabras que nunca fueron pronunciadas y transpirando bajo la lengua términos inconclusos antes de excarcelarlos en trémulas bocanadas al aire.
Quería entonar una nana en clave de fa para la llave de la consciencia, y dormirla bajo una copa de Bourbon. Crear el exceso entre los excesos. Descubrirlo después.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Sonrisas inmortales
Suzanne esbozaba sonrisas al óleo un día cualquiera de un mes cualquiera. Acostumbraba a tiznar el lienzo diseñando personajes dotados de su propia vida. Algunos eran rubios, con esmeraldas en vez de ojos. Otros morenos, y pelirrojos con pecas espolvoreadas por el rostro. Cuando se sentía satisfecha, recortaba las sombras que proyectaban en cada fracción de minuto y las escondía bajo el aura. No soportaba las carantoñas de la aflicción, por eso asignaba a sus personajes carcajadas inmortales; para aprender a dibujar sonrisas más allá del pincel.
Y así era como Suzanne empuñaba sus pinceles cuando colisionaba con la sinrazón; engullendo cada esquina, alternando colores y aromas con incautos pensamientos. Y así fue como Suzanne deshizo su sonrisa bajo las sábanas.
jueves, 3 de diciembre de 2009
Los labios muy rojos y los ojos muy negros
Suzanne omite sus labios bajo el carmín. Y los ojos de negro. Rubia, rock n'roll all nite. Fulminante, meteórica. La ceniza del último cigarrillo inhala sus últimas bocanadas de alcohol, mientras un amante infame, el cualquiera, se hace una raya de exasperación.
- Acércate, nena. Vamos a pasárnoslo bien. Estás preciosa - le dice, comiéndosela con la mirada entre las sábanas.
Pero Suzanne siente los labio
s excesivamente caricaturizados, y los ojos consumados. Trazados en el vacío de la desvergüenza, tiznados como un cuadro extraviado para transmutar el rostro de la indecencia. Mas no sirve de nada, y la heroína se abre paso entre glóbulos rojos de consternación. Arroja el pintalabios contra su propio reflejo, que detona en el eco de carcajadas renegadas. Él se incorpora de un salto y se aleja, gritando por sus pupilas dilatadas, murmurando con el Bourbon abrasando sus dedos. A trompicones.
s excesivamente caricaturizados, y los ojos consumados. Trazados en el vacío de la desvergüenza, tiznados como un cuadro extraviado para transmutar el rostro de la indecencia. Mas no sirve de nada, y la heroína se abre paso entre glóbulos rojos de consternación. Arroja el pintalabios contra su propio reflejo, que detona en el eco de carcajadas renegadas. Él se incorpora de un salto y se aleja, gritando por sus pupilas dilatadas, murmurando con el Bourbon abrasando sus dedos. A trompicones. - ¡Estás como una jodida cabra! ¡Como una jodida cabra!
Y Suzanne vuelve a sumirse en su desequilibrado desamparo, entre fragmentos de cristal y sangre derramada.
Con los labios poseídos de escarlata y los ojos satirizados de negro.
Sin sonrisas, sin aplausos al bajar el telón.
sábado, 21 de noviembre de 2009
Chains of despair

Pudiera esta noche, quizá, escribir los versos más tristes del mundo. Asolada, derramar todo el agravio que causa la deficiencia recién conquistada. Rociar con sangre palabras liberadas del Tártaro de tu ausencia, escupir promesas sobre lo que no será mañana. Esbozar historias partiendo del desenlace (tan absurdamente concluso), del descarte de puntos y comas, sin mayúsculas que valgan. Sucumbir ante un suspiro relegado que evoque imágenes en tus pupilas. Omitir los colores que dialoguen sobre tu olor.
Pero todavía nos quedará el tiempo. El tiempo; para hablar de dolor.
Pero todavía nos quedará el tiempo. El tiempo; para hablar de dolor.
jueves, 5 de noviembre de 2009
Anochecía un 13 de noviembre, jueves.Las calles habían sido relegadas bajo la luna de mercurio. Elevé la vista al cielo y creí descubrir al fantasma de una gran tormenta desventurada desplegando sus alas sobre una Barcelona marchita por sus pecados. Un halo de luz rasgó el cielo y un velo tejido de gotas de lluvia se derrumbó cual enjambre de fragmentos de cristal. El tiempo se detuvo un instante antes de que la primera gota arañara la tierra y mil y una lágrimas de antaño levitaron bajo la sombra del viento. Percibí la sobrecogedora caricia de un aliento rozándome la nuca y sentí cómo unos dedos férreos y perseverantes se cernían sobre mi piel.
Mis ojos escrutaron, a través de las motas de lluvia suspendidas, el rostro de la muñeca de porcelana que tomó mi mano y guió mis pasos de vuelta a la subconsciencia, congelando entre matices desgastados aquella presencia helada que trepaba por mi espalda.
Mis ojos escrutaron, a través de las motas de lluvia suspendidas, el rostro de la muñeca de porcelana que tomó mi mano y guió mis pasos de vuelta a la subconsciencia, congelando entre matices desgastados aquella presencia helada que trepaba por mi espalda.
domingo, 11 de octubre de 2009
Verdades
Suzanne no es más que una embaucadora, una zorra. Una impostora. Ni siquiera es capaz de arañar con los ojos su reflejo en un escaparate, ni de esbozar un cruce de miradas con el contorno de su sombra.
Ahorca jadeos melificados con la excusa de que la dejan sin aliento. Mueren cada noche, desterrando de las cuencas de sus ojos cristales de anhelos relegados.
Se entrega completamente a la magia de quimeras perdidas. Sueña más despierta que dormida, albergando sus historias y aislándolas de una realidad retraída por la codicia.
Siente la necesidad de extirpar los cinco nudos que bloquean sus bramidos y se dedican a asfixiarla paulatinamente, instante a instante. Quiere gritar. Gritar con la rabia de un titán enfurecido, de un mar encolerizado. Gritar para devolver sus m-i-e-d-o-s a la hélice de la omisión, siendo consciente de que una vez encerrados en su nuevo hogar, los extrañaría. Suzanne prefiere aferrarse con todas sus fuerzas a esos cinco nudos que corroen su garganta.
Suzanne no es más que una sadista, una despótica ilimitada. Se destruye a sí misma, derrama fragmentos de su propia alma hasta sentir vacío cada ápice de ella que no le ha robado el tiempo; desde las pestañas, cansadas de bailar a destiempo, hasta el corazón, hecho trizas por la percusión con el remite de una ifame realidad.
Suzanne prefiere continuar cicatrizando mentiras, porque no es más que una COBARDE.
Ahorca jadeos melificados con la excusa de que la dejan sin aliento. Mueren cada noche, desterrando de las cuencas de sus ojos cristales de anhelos relegados.
Se entrega completamente a la magia de quimeras perdidas. Sueña más despierta que dormida, albergando sus historias y aislándolas de una realidad retraída por la codicia.
Siente la necesidad de extirpar los cinco nudos que bloquean sus bramidos y se dedican a asfixiarla paulatinamente, instante a instante. Quiere gritar. Gritar con la rabia de un titán enfurecido, de un mar encolerizado. Gritar para devolver sus m-i-e-d-o-s a la hélice de la omisión, siendo consciente de que una vez encerrados en su nuevo hogar, los extrañaría. Suzanne prefiere aferrarse con todas sus fuerzas a esos cinco nudos que corroen su garganta.
Suzanne no es más que una sadista, una despótica ilimitada. Se destruye a sí misma, derrama fragmentos de su propia alma hasta sentir vacío cada ápice de ella que no le ha robado el tiempo; desde las pestañas, cansadas de bailar a destiempo, hasta el corazón, hecho trizas por la percusión con el remite de una ifame realidad.
Suzanne prefiere continuar cicatrizando mentiras, porque no es más que una COBARDE.
martes, 29 de septiembre de 2009
Delirio II
Canta un piano descarriado doblegando su aliento por las paredes abruptas de la melancolía.
Levitan, candetemente enfrascadas en una danza desabrigada, notas damnificadas de turbación.
Late un corazón envenenado sosteniendo la mirada de un perturbado.
Acecha, oculto en un destello de luto, el sentimiento que descose la razón de los condenados.
Canta un piano descarriado doblegando su aliento por las paredes abruptas de la melancolía en un mundo en el que lo primero que se pierde es la belleza, y lo último, la memoria.
jueves, 24 de septiembre de 2009
¿Why not? It's ours
Nos reíamos como lunáticas y tejíamos telarañas caliginosas que conectaban nuestras miradas. Moldeábamos nuestros sentimientos hasta convertirlos en aviones de papel y disovíamos las esperanzas bajo la lluvia. Cerrábamos los ojos sin deshacer la sonrisa y nos columpiábamos hasta creer haber atrapado la luna. Infinitamente. Jugábamos como ellos, reíamos como ellos. Pensábamos como locos. Cercenábamos el mundo a tijeretazos para comérnoslo y pegábamos las sobras como nos daba la gana.viernes, 28 de agosto de 2009

Mentiría si dijera que no me habría gustado decidir el haber nacido o no haberlo hecho. Aunque la nítida experiencia y mi índole impulsiva habrían creado la misma retraída realidad, pero al menos se me habría concedido la opción de elegir, y sería capaz de recordarme por qué estoy aquí.
Mentiría si dijera que no hubiera deseado escoger mi forma de sentir la sobrecogedora caricia del viento en un otoño venidero, de entrever los pesamientos ajenos sin ser capaz de escucharlos, de mi extravagancia al doblegar las percepciones. Aunque seguiría sin alterar la monotonía, pero habría perdido el pretexto de preguntarme si de verdad merece la pena. Si merece la pena descubrir que el resto de la humanidad no se molesta en pensar y de que tú no piensas como ellos. Si merece la pena sentirte tan solo cuando estás rodeado de gente imperfecta, y de que son esas imperfecciones las que marcan la diferencia. Si merece la pena subir el contraste de tu película en blanco y negro al máximo; los súbitos cambios de humor, de la euforia al resentimiento, esa frustración.
sábado, 22 de agosto de 2009
Date with the night
A menudo me pregunto por qué la gente no se da cuenta de que las estrellas observan nuestra incongruencia. Se burlan de nosotros, mirándonos transigentes, bañadas por sus magnitudes y sus polvos mágicos; espaciales, diáfanas. Así nos escupen, aumentando la inmundicia que se cierne bajo nuestras sombras. De pequeña imaginaba que uno de esos ápices luminiscentes había sido derramado para que sólo yo lo mirara, pero me di cuenta de que las migajas que tiznaban el cielo de Shanklin eran las mismas que salpicaban la bóveda celeste de Gezira, Camden e incluso Montmartre. Las estrellas son más putas que cualquier fulana de las calles.
martes, 18 de agosto de 2009
Delirios deshechos

Lloré hasta el punto de tener que buscar mis propias lágrimas para enjugármelas, hasta que no quedaron indicios de su existencia, hasta verse disueltas por mis mejillas. Lloré hasta inhalar agudamente bocanadas de un aire diáfano que nunca volvería. Lloré hasta comprender que ninguna compañía me hacía bien, que estaba sola y que siempre lo estuve. Lloré hasta perder la conciencia de todo lo habido y por haber, como un amante desamparado en el más profundo de los sueños. Lloré, porque mis susurros eran recortados por la soledad de mis palabras y mi respiración rasgada por mis errores y tropiezos. Lloré, porque sólo me quedaban los viejos recuerdos; turbias imágenes que apresaban tu mirada, decrépitas e imprecisas. Lloré hasta reírme de mis sollozos, hasta no poder parar, hasta sentir dolor en el vientre y seguir riendo, a carcajada limpia. Lloré hasta creer que eran las yemas de tus dedos quienes peinaban mis pestañas, porque de alguna manera me resignaba a seguir sin ti. Porque creía sentirme fuerte pero eras tú quien me brindaba esa energía,capaz de hacerme sentir el tímido rumor del viento desgastando mis labios. Lloré porque mi afán nunca fue el suficiente para hacerme creer verdaderamente que podías sentirte orgulloso de mí. Lloré, porque no comprendía que cada día era único e irrepetible y me conformaba con arrancarle las hojas a un calendario mediocre. Y lloré, para fusilar de una vez por todas el dolor que me ocasionaba sentirme tan insignificante en un mundo de gigantes devastadores.
Tush
Vaciábamos Budweisers y nombrábamos aquellos acordes que algún día cargaríamos en la guantera del 205. Quisimos ser rock stars, recopilar groupies dieléctricas y joder hasta quebrar las 6 cuerdas de acero. Pero un día mencionaste que el amor se hace a la luz de las estrellas en noches extraviadas. Y te serví otra cerveza mientras mientras aquellas nubes declinadas por el ocaso conducían lejos nuestras promesas.
martes, 14 de julio de 2009
Violemos el blanco con tinta negra
Me gustan las personas equilibradamente desequilibradas, que no desequilibradamente equilibradas. Aquellas que poseen su propia índole de locura rudimentaria. Las que, aunque saben que pueden perder, juegan sus cartas y creen en la victoria. Las que tienen claro lo que desean pero al mismo tiempo lo ponen todo en duda.
Aquellos que arriesgan.
Porque sin arriesgar no hay furor, ni vehemencia, ni arte, ni acordes, ni pinceladas sublimes, ni tinta china. El resto es parte de una danza taciturna, sin guión, sin decorado, sin audiencia, sin luz: afónica. Teatro desvestido en el trasfondo del fluido de una crónica sin vida.
Shhhhhh.
Aquellos que arriesgan.
Porque sin arriesgar no hay furor, ni vehemencia, ni arte, ni acordes, ni pinceladas sublimes, ni tinta china. El resto es parte de una danza taciturna, sin guión, sin decorado, sin audiencia, sin luz: afónica. Teatro desvestido en el trasfondo del fluido de una crónica sin vida.
Shhhhhh.
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