jueves, 21 de enero de 2010

Glacial


Captura mi esencia y teletranspórtame lejos, más allá de Orión. Abstraigámonos en la constelación más difusa del hemisferio norte, subsistamos en Luyten.
Deshazme en matices de una escala de púrpuras con solo miradas. Llévame al Monte de las Ánimas por un rayo de luna, conponme el miserere y deletréame el nombre de quien colgó el mar de tus pestañas... Porque el subjetivismo se enmaraña con mis palabras antes de ser deslizadas sobre el papel, y son fusionados en un "tú" sin escepticismos.
Imprégname de terciopelo añil y erígeme una escalera al centro de la tierra, espiemos el rumbo de una carretera hasta la desdicha. Regálame una road movie sin designación y diluiré acuarelas para pintarte una aurora boreal mezclando rubíes y violáceos, como si fuera nuestro último anochecer.

Vamos a soñar despiertos hasta que caoticemos la autenticidad con el sueño.

domingo, 3 de enero de 2010

Epílogo. 09.

Se recostó sobre las náuseas acérrimas que inundaban sus entrañas al olor del turrón. Ascendían desde la boca del estómago hasta la garganta, acompañadas por suspiros del silencio adverso que destilaba su colección de villancicos. Dedicaba sonrisas a sus noches de leve misantropía, para abarcar fragmentos de segundos y tejerlos a su rostro, como si fuera una modelo anoréxica desfilando exultante sobre la pasarela. Improvisó el guión de su propia parodia mordiéndose los labios, con la ambición de quebrarlo en mil y un pedazos, tratándose de aquel borrador que nunca enorgullecía a su progenitor. Licuando entre el humo del tabaco palabras que nunca fueron pronunciadas y transpirando bajo la lengua términos inconclusos antes de excarcelarlos en trémulas bocanadas al aire.
Quería entonar una nana en clave de fa para la llave de la consciencia, y dormirla bajo una copa de Bourbon. Crear el exceso entre los excesos. Descubrirlo después.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Sonrisas inmortales

Suzanne esbozaba sonrisas al óleo un día cualquiera de un mes cualquiera. Acostumbraba a tiznar el lienzo diseñando personajes dotados de su propia vida. Algunos eran rubios, con esmeraldas en vez de ojos. Otros morenos, y pelirrojos con pecas espolvoreadas por el rostro. Cuando se sentía satisfecha, recortaba las sombras que proyectaban en cada fracción de minuto y las escondía bajo el aura. No soportaba las carantoñas de la aflicción, por eso asignaba a sus personajes carcajadas inmortales; para aprender a dibujar sonrisas más allá del pincel.
Y así era como Suzanne empuñaba sus pinceles cuando colisionaba con la sinrazón; engullendo cada esquina, alternando colores y aromas con incautos pensamientos.
Y así fue como Suzanne deshizo su sonrisa bajo las sábanas.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Los labios muy rojos y los ojos muy negros

Suzanne omite sus labios bajo el carmín. Y los ojos de negro. Rubia, rock n'roll all nite. Fulminante, meteórica. La ceniza del último cigarrillo inhala sus últimas bocanadas de alcohol, mientras un amante infame, el cualquiera, se hace una raya de exasperación.
- Acércate, nena. Vamos a pasárnoslo bien. Estás preciosa - le dice, comiéndosela con la mirada entre las sábanas.
Pero Suzanne siente los labios excesivamente caricaturizados, y los ojos consumados. Trazados en el vacío de la desvergüenza, tiznados como un cuadro extraviado para transmutar el rostro de la indecencia. Mas no sirve de nada, y la heroína se abre paso entre glóbulos rojos de consternación. Arroja el pintalabios contra su propio reflejo, que detona en el eco de carcajadas renegadas. Él se incorpora de un salto y se aleja, gritando por sus pupilas dilatadas, murmurando con el Bourbon abrasando sus dedos. A trompicones.
- ¡Estás como una jodida cabra! ¡Como una jodida cabra!
Y Suzanne vuelve a sumirse en su desequilibrado desamparo, entre fragmentos de cristal y sangre derramada.

Con los labios poseídos de escarlata y los ojos satirizados de negro.
Sin sonrisas, sin aplausos al bajar el telón.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Chains of despair


Pudiera esta noche, quizá, escribir los versos más tristes del mundo. Asolada, derramar todo el agravio que causa la deficiencia recién conquistada. Rociar con sangre palabras liberadas del Tártaro de tu ausencia, escupir promesas sobre lo que no será mañana. Esbozar historias partiendo del desenlace (tan absurdamente concluso), del descarte de puntos y comas, sin mayúsculas que valgan. Sucumbir ante un suspiro relegado que evoque imágenes en tus pupilas. Omitir los colores que dialoguen sobre tu olor.

Pero todavía nos quedará el tiempo. El tiempo; para hablar de dolor.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Anochecía un 13 de noviembre, jueves.
Las calles habían sido relegadas bajo la luna de mercurio. Elevé la vista al cielo y creí descubrir al fantasma de una gran tormenta desventurada desplegando sus alas sobre una Barcelona marchita por sus pecados. Un halo de luz rasgó el cielo y un velo tejido de gotas de lluvia se derrumbó cual enjambre de fragmentos de cristal. El tiempo se detuvo un instante antes de que la primera gota arañara la tierra y mil y una lágrimas de antaño levitaron bajo la sombra del viento. Percibí la sobrecogedora caricia de un aliento rozándome la nuca y sentí cómo unos dedos férreos y perseverantes se cernían sobre mi piel.
Mis ojos escrutaron, a través de las motas de lluvia suspendidas, el rostro de la muñeca de porcelana que tomó mi mano y guió mis pasos de vuelta a la subconsciencia, congelando entre matices desgastados aquella presencia helada que trepaba por mi espalda.

domingo, 11 de octubre de 2009

Verdades

Suzanne no es más que una embaucadora, una zorra. Una impostora. Ni siquiera es capaz de arañar con los ojos su reflejo en un escaparate, ni de esbozar un cruce de miradas con el contorno de su sombra.
Ahorca jadeos melificados con la excusa de que la dejan sin aliento. Mueren cada noche, desterrando de las cuencas de sus ojos cristales de anhelos relegados.
Se entrega completamente a la magia de quimeras perdidas. Sueña más despierta que dormida, albergando sus historias y aislándolas de una realidad retraída por la codicia.
Siente la necesidad de extirpar los cinco nudos que bloquean sus bramidos y se dedican a asfixiarla paulatinamente, instante a instante. Quiere gritar. Gritar con la rabia de un titán enfurecido, de un mar encolerizado. Gritar para devolver sus m-i-e-d-o-s a la hélice de la omisión, siendo consciente de que una vez encerrados en su nuevo hogar, los extrañaría. Suzanne prefiere aferrarse con todas sus fuerzas a esos cinco nudos que corroen su garganta.
Suzanne no es más que una sadista, una despótica ilimitada. Se destruye a sí misma, derrama fragmentos de su propia alma hasta sentir vacío cada ápice de ella que no le ha robado el tiempo; desde las pestañas, cansadas de bailar a destiempo, hasta el corazón, hecho trizas por la percusión con el remite de una ifame realidad.

Suzanne prefiere continuar cicatrizando mentiras, porque no es más que una COBARDE.