sábado, 1 de mayo de 2010

East End, 1887.


Láquesis sentencia el declive de Abril. Abril infame, Abril licuado. Frente a la última rebelión de las saetas, Abril se desvanecía como quien nunca llegó a ser más que una columna baldía jugando al escondite. Pero aquel tañido no trascendía hasta los corazones rasgados del East End de Londres.

Los callejones, esbozados sobre un lienzo de inmundicia y suciedad, eran testigos de la vorágine que inundaba cada esquina; las fachadas necrológicas mantenían su mirada permanente sobre cada trance, habiéndose consumido con pretextos en forma de grietas, y el libertinaje que escapaba exhausto de cada antro desprendía un matiz tintado de gris. La cadencia discordante de los pianos y la serenata de una armónica olvidada se entremezclaban con la brisa que arrullaba el griterío de los marginados.

La incertidumbre que vagaba por el resplandor de las farolas apenas le permitía a éste perforar la oscuridad e iluminar las figuras desaliñadas que se recortaban sobre aquel escenario de mártires y verdugos. El látigo se hacía llamar hambre, errante famélico que arrastraba de su mano el desacierto de aquellos dispuestos a matar por dos chelines y un compás.

Las mujeres eran carne de viento enfurecido. Normalmente enfermizas y con el alma olvidada entre tanto quebranto, quienes tenían la suerte de poseer cierto atractivo y el lujo de poder permitirse un vestido decente buscaba clientes en Whitechapel, entregándose sin contrariedades por un par de peniques.

Hayley Rolland maldecía el primer instante en el que había impregnado su tráquea del oxígeno de la gran ciudad.

lunes, 22 de febrero de 2010

Metáforas imprudentes

Que el vendaval doblegue recuerdos y cautive mi inherencia en una espiral de ráfagas evocadas. Que el gentío consuma drogas para excluir su inactividad cerebral. Que sean subordinados a un beso desazonado para drenar tantos noviembres. Las agujas, a contrareloj. Y el compás descomedido del violín que ahorcó sus cuerdas en busca de un atril estable, atestado de partituras anónimas y cenizas, sumido en un silencio de corchea. Ebria de vesania y exaltada por quimeras. Las palabras, calibradas. Con vértices de realidad. Trepando por mi garganta, horizontes de vértigo infinito. Y las ganas de fumarme el resto del tiempo.

jueves, 21 de enero de 2010

Glacial


Captura mi esencia y teletranspórtame lejos, más allá de Orión. Abstraigámonos en la constelación más difusa del hemisferio norte, subsistamos en Luyten.
Deshazme en matices de una escala de púrpuras con solo miradas. Llévame al Monte de las Ánimas por un rayo de luna, conponme el miserere y deletréame el nombre de quien colgó el mar de tus pestañas... Porque el subjetivismo se enmaraña con mis palabras antes de ser deslizadas sobre el papel, y son fusionados en un "tú" sin escepticismos.
Imprégname de terciopelo añil y erígeme una escalera al centro de la tierra, espiemos el rumbo de una carretera hasta la desdicha. Regálame una road movie sin designación y diluiré acuarelas para pintarte una aurora boreal mezclando rubíes y violáceos, como si fuera nuestro último anochecer.

Vamos a soñar despiertos hasta que caoticemos la autenticidad con el sueño.

domingo, 3 de enero de 2010

Epílogo. 09.

Se recostó sobre las náuseas acérrimas que inundaban sus entrañas al olor del turrón. Ascendían desde la boca del estómago hasta la garganta, acompañadas por suspiros del silencio adverso que destilaba su colección de villancicos. Dedicaba sonrisas a sus noches de leve misantropía, para abarcar fragmentos de segundos y tejerlos a su rostro, como si fuera una modelo anoréxica desfilando exultante sobre la pasarela. Improvisó el guión de su propia parodia mordiéndose los labios, con la ambición de quebrarlo en mil y un pedazos, tratándose de aquel borrador que nunca enorgullecía a su progenitor. Licuando entre el humo del tabaco palabras que nunca fueron pronunciadas y transpirando bajo la lengua términos inconclusos antes de excarcelarlos en trémulas bocanadas al aire.
Quería entonar una nana en clave de fa para la llave de la consciencia, y dormirla bajo una copa de Bourbon. Crear el exceso entre los excesos. Descubrirlo después.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Sonrisas inmortales

Suzanne esbozaba sonrisas al óleo un día cualquiera de un mes cualquiera. Acostumbraba a tiznar el lienzo diseñando personajes dotados de su propia vida. Algunos eran rubios, con esmeraldas en vez de ojos. Otros morenos, y pelirrojos con pecas espolvoreadas por el rostro. Cuando se sentía satisfecha, recortaba las sombras que proyectaban en cada fracción de minuto y las escondía bajo el aura. No soportaba las carantoñas de la aflicción, por eso asignaba a sus personajes carcajadas inmortales; para aprender a dibujar sonrisas más allá del pincel.
Y así era como Suzanne empuñaba sus pinceles cuando colisionaba con la sinrazón; engullendo cada esquina, alternando colores y aromas con incautos pensamientos.
Y así fue como Suzanne deshizo su sonrisa bajo las sábanas.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Los labios muy rojos y los ojos muy negros

Suzanne omite sus labios bajo el carmín. Y los ojos de negro. Rubia, rock n'roll all nite. Fulminante, meteórica. La ceniza del último cigarrillo inhala sus últimas bocanadas de alcohol, mientras un amante infame, el cualquiera, se hace una raya de exasperación.
- Acércate, nena. Vamos a pasárnoslo bien. Estás preciosa - le dice, comiéndosela con la mirada entre las sábanas.
Pero Suzanne siente los labios excesivamente caricaturizados, y los ojos consumados. Trazados en el vacío de la desvergüenza, tiznados como un cuadro extraviado para transmutar el rostro de la indecencia. Mas no sirve de nada, y la heroína se abre paso entre glóbulos rojos de consternación. Arroja el pintalabios contra su propio reflejo, que detona en el eco de carcajadas renegadas. Él se incorpora de un salto y se aleja, gritando por sus pupilas dilatadas, murmurando con el Bourbon abrasando sus dedos. A trompicones.
- ¡Estás como una jodida cabra! ¡Como una jodida cabra!
Y Suzanne vuelve a sumirse en su desequilibrado desamparo, entre fragmentos de cristal y sangre derramada.

Con los labios poseídos de escarlata y los ojos satirizados de negro.
Sin sonrisas, sin aplausos al bajar el telón.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Chains of despair


Pudiera esta noche, quizá, escribir los versos más tristes del mundo. Asolada, derramar todo el agravio que causa la deficiencia recién conquistada. Rociar con sangre palabras liberadas del Tártaro de tu ausencia, escupir promesas sobre lo que no será mañana. Esbozar historias partiendo del desenlace (tan absurdamente concluso), del descarte de puntos y comas, sin mayúsculas que valgan. Sucumbir ante un suspiro relegado que evoque imágenes en tus pupilas. Omitir los colores que dialoguen sobre tu olor.

Pero todavía nos quedará el tiempo. El tiempo; para hablar de dolor.